Cuando somos padres y madres tenemos ciertas expectativas con respecto a cómo serán nuestr@s hij@s. Esto se debe a que venimos cargados de experiencias previas que dibujan el imaginario de lo que nos gustaría que nuestro hijo o hija fuera.

Todos hemos sido hij@s previamente y todos venimos de una familia con una identidad propia que ha construido en gran medida aquello que somos y aquello que esperamos de los demás.

Esperamos de alguna manera que nuestro hij@ adquiera una serie de valores coherentes con aquello que nosotr@s mismos somos, lo que condiciona el proceso de creación de la identidad de nuestra propia familia. Esto es, en parte, aquello que nos hace diferentes y únicos y se ve representado por nuestros códigos del lenguaje, nuestras aficiones familiares, nuestros hábitos, nuestros comportamientos, nuestra leyes más o menos explícitas etc.

Eso sí; hay veces que en esta creación conjunta de nuestra identidad, introducimos deseos y expectativas hacia nuestr@s hij@s acerca de cómo y quién deben ser respondiendo a nuestras propias carencias y necesidades. Esto, que se produce de forma natural y que espontáneamente nos puede ocurrir a todas las personas, es algo que podemos tratar de revisar para intentar que ocupe un espacio en su justa medida.

En ocasiones, desde nuestras propias necesidades, enviamos mensajes sobre qué y cómo deben ser nuestr@s hij@s, y se nos olvida que son ell@s mismos los que deben encontrar sus propias respuestas a esos interrogantes. Cuando un@ responde a las preguntas: ¿ Quién soy ?, ¿ qué me gusta ?, ¿ Qué necesito ? desde las voces de los padres y madres puede encontrarse en algún momento perdid@ en vidas que no ha elegido y puede resultar doblemente difícil encontrar respuestas que nos hagan sentir satisfechos.

Pamela Valencia (psicóloga clínica)

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