Artículo publicado en: Papeles de Arteterapia y educación artística para la inclusión social nº 3 Universidad Complutense de Madrid. Madrid, 2008.

Carmen Menéndez[1].- Se presenta una experiencia desarrollada en Paraguay. En un hogar para niñas-mamás víctimas de abuso intrafamiliar. El trabajo se ha desarrollado fundamentalmente a través de la fotografía.

Se muestra una vivencia singular por las características del colectivo (niñas-mamás), por la distancia cultural y social y también por el encuadre y duración del taller de Arteterapia. Se describen los objetivos del taller, el desarrollo y una reflexión sobre la fotografía como herramienta terapéutica.

SUMARIO

1. Contexto

1.1 Abuso sexual intrafamiliar

1.2 Hablan las cifras

1.3 El Hogar

2. Proceso del taller. Primeros pasos

2.1 Inicio del taller

2.2 Fragmentos del proceso terapéutico

3. Fotografía. Espejo. Arteterapia

3.1 Potencialidad de la fotografía

4. Conclusiones

5. Bibliografía.

 

ABSTRACT

An experience that took place in Paraguay is presented. In a home for mother-child intrafamiliar abuse victims. The work has been developed basically through photography.

It shows a particular life experience due to the characteristics of the group, the cultural and social distances and the focus and time limit of the art therapy course. The objectives of the course, the development and the reflection upon photography, as a therapeutic medium, will be described.

Key words: Sexual childish abuse. Photography. Art therapy. Reparation.

 

CONTEXTO

En Paraguay, igual que en el resto de América Latina, convive “una república democrática” con la corrupción, la dictadura encubierta y la humillación, que convierten a su pueblo en “ciegos que, viendo, no ven”, en palabras de José Saramago. País ubicado en el corazón de América del Sur, declaró su independencia derrocando las autoridades españolas locales el 14 de mayo de 1811. La población paraguaya actual es el resultado del mestizaje de dos tipos étnicos y culturales diferentes: uno americano (guaraníes) y otro europeo (españoles). Existen, por un lado, grupos importantes de descendientes de indígenas que conservan la mayoría de sus rasgos raciales y culturales originarios y, por otro lado, una población que está  compuesta por descendientes de españoles u otros europeos, en su mayoría alemanes, polacos, y ucranianos. Un porcentaje grande de la población vive de la actividad agrícola y ganadera.

 

ABUSO SEXUAL INTRAFAMILIAR

El abuso sexual es una forma de maltrato que afecta toda la vida presente y futura de quién lo sufre, especialmente de niños, niñas y adolescentes ya que éstos se encuentran en pleno proceso de desarrollo físico, psicológico-emocional y de interacción social.

En el caso que nos ocupa hablamos del abuso sexual intrafamiliar que se da en el entorno más cercano al niño, en el que desenvuelve su vida diaria y con el que está en contacto permanente, además de quien depende y donde se establecen relaciones afectivas. Es por eso que cuando se da la agresión en su interior, el daño es más profundo y severo.

Como son las víctimas más indefensas y a menudo dependen de sus abusadores, sus posibilidades de que se haga justicia siempre han sido las más remotas. Además los niños sometidos a un abuso prolongado y repetido son especialmente vulnerables a desarrollar perturbaciones de la memoria que ponen aún más en peligro su capacidad para contar su historia (Freyd, J.J., 1996).[2]

El abuso sexual afecta igualmente al área físico, cognitivo y emocional. La sintomatología que se observa con mayor frecuencia es: Pesadillas y problemas de sueño, conductas autolesivas o suicidas, hiperactividad, bajada del rendimiento académico, trastorno disociativo de identidad, reacciones disociativas ( confusión, cambios marcados de personalidad  u olvido del episodio de abuso).

Las consecuencias emocionales que se observan con mayor frecuencia son: Síndrome de estrés postraumático, dificultad para expresar sentimientos, miedo generalizado, agresividad, culpa y vergüenza, aislamiento, ansiedad, depresión, sentimientos de estigmatización, rechazo al propio cuerpo, problemas de relación interpersonal, dificultades de vinculación afectiva con los hijos, rabia y rechazo hacia su familia y hacia el mundo. Su actitud puede ser de desesperanza y desconfianza.

Muchas de estas consecuencias de la vivencia traumática permanecen, o incluso, pueden agudizarse con el tiempo hasta llegar a configurar patologías definidas.

 

HABLAN LAS CIFRAS

Paraguay al igual que toda América latina se presenta con una combinación  de extremas desigualdades económicas y sociales. La infancia en general es la población mayormente afectada y con respecto al abuso sexual infantil es la niña la más afectada.

Según unos estudios presentados en el seminario «Violencia Familiar y Violencia de género” en 2006 por la doctora Luciana Ramos Lira, de la dirección de Investigaciones Epidemiológicas y Psicosociales del Instituto Nacional de Psiquiatría «Ramón de la Fuente» de México DF: En el evento de los niños abusados los estudios muestran que en América Latina entre el 70 y el 80% de las víctimas son niñas, donde en un 75% de los casos registrados el responsable de los abusos es un familiar. Los principales responsables de esos delitos tienen que ver con el padre, el tío o el hermano. El rango más afectado está entre los 10 y 14 años con el 37% del total, seguido por el de 5 a 9 años con el 25%, de 15 a 17 años con el 14% y de 1 a 4 años con el 10%. En el 78% de los casos reportados el agresor es conocido del niño o la niña.

Según Nils Kastberg, Director Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe[3]: El silencio y la inaceptable tolerancia social hacia el abuso en el entorno familiar contribuye al actual estado de impunidad generalizada. La mayoría de los abusos a los niños y a las niñas suceden detrás de puertas cerradas por adultos de confianza. Los niños con frecuencia sufren en privado, con miedo de hablar claro o por temor al castigo.

Asimismo, de los 13 millones de partos registrados anualmente en América Latina y el Caribe, dos millones corresponden a adolescentes; es decir, el 15 por ciento del total. Tales cifras no dan cuenta de la real magnitud del embarazo en las niñas puesto que consideran sólo los partos de las jóvenes entre 15 y 19 años.

El Centro Latinoamericano de Demografía estima que el porcentaje de nacimientos de madres adolescentes es más bien cercano al 20 por ciento, mientras que otros organismos como la UNICEF y el UNIFEM lo establecen entre el 15 y el 26 por ciento.

Habría que considerar también el número importante de abortos realizados en la clandestinidad que, obviamente, no pueden ser registrados.

 

El HOGAR

El hogar es un refugio para 10-15 niñas entre 12 y 17 años y sus bebés. Todas víctimas de abuso sexual intrafamiliar. Con hijos entre 1 mes y 6 años. Algunas indígenas guaranís. Niñas rotas, algunas sin papeles, sin hijos registrados a su nombre, arrancadas de la niñez y obligadas a una adultez impuesta y desgarradora.

Su vida ha sido un permanente duelo: pérdida o separación de su familia, pérdida de su entorno más cercano, de los compañeros de su comunidad, de la escuela, pérdida del uso voluntario de su cuerpo, del apoyo de sus padres, pérdida de confianza, pérdida de sí mismas. Y ese duelo está por ser elaborado.

Son hijas en general de madres con más hijos, padres o padrastros en los que no han podido confiar. Han vivido en hogares habitados por la violencia, el abuso y el desamor y es ahí, ese lugar, el espacio de construcción de su identidad y de sus raíces. Su hogar es un lugar donde construir seguridad y confianza resulta imposible.

Su niñez termina demasiado pronto y nunca es vivida plenamente. Queda pendiente, aplazada. El sentido de identidad es frágil. El cuerpo se ha fragmentado, preso del dolor y del terror.

Huyen de padrastros peligrosos y agresivos, madres débiles que no las protegen, de la pobreza, de la rabia, de las imágenes que les obligan a ser tan diferentes a lo que ven en el espejo, del silencio forzado, del llanto reprimido.

 

PROCESO DEL TALLER. PRIMEROS PASOS

Visitaba el hogar por unos días. En mi cabeza tenía inscrito un cartel imaginario: “PELIGRO. FRAGIL. NO TOCAR”. Iba por poco tiempo.

Antes del viaje la lectura me aproximó a su problemática, a la realidad del país, al grupo de adolescentes con las que me iba a encontrar. Era un riesgo y una responsabilidad movilizar nada. Su realidad era muy complicada y no existía un plan de intervención prácticamente a ningún nivel, ni en lo educativo ni en lo psicológico y social. Sí existen recursos institucionales en Asunción como pude conocer en unas visitas a hospitales de salud mental, pero no hacían uso de ellos salvo en situaciones de crisis graves de alguna niña.

Desconocía lo qué iba a pasar. La realidad política, la pobreza, el bajo nivel educativo, la falta de protección a la infancia, el poder de la religión… era algo que iba a condicionar sin duda mi mirada y posicionamiento.

La experiencia directa, el encuentro con esa realidad tan nueva y tan diferente, marcarían el camino a seguir.

El acercamiento sería a través de la observación y de la disposición a escuchar y entender. La mirada iba a ser el hilo conductor de nuestro trabajo e iba a ser a través de la fotografía principalmente. Ésta ocupaba un lugar importante en la vida de las niñas y facilitó la creación de un vínculo que iba consolidándose cada día más.

Su día a día era intenso.  Seguro que no jugaban desde hacía tiempo o quizás desde nunca. Trabajaban mucho y estaban cansadas. Tenían que madrugar a las 5,45 de la mañana para limpiar, organizar ropas que lavaban a mano (las de ellas y las de sus hijos), realizar todas las tareas del hogar que les correspondía según un planning diario y además ir a la escuela  de mañana o de tarde en función del turno y siempre que no lloviera. En ese caso no iban  ni ellas ni los profesores ni nadie. Llueve muy a menudo.

Me buscaban de forma individual para presentarme sus álbumes de fotos hechos de forma casera, con muy pocos medios.  Recogían casi siempre imágenes desde el momento de su embarazo. Debido al riesgo que tenían si permanecían en sus hogares eran trasladadas a un hogar para niñas futuras mamás y eran atendidas desde el principio del embarazo y sólo hasta después de dos meses del parto. Pasado ese tiempo eran enviadas a la calle; a su hogar, con el consiguiente riesgo de seguir conviviendo con la persona abusadora o a cualquier orfanato en el que separaban a las mamás y a los bebés. Estos álbumes estaban incompletos, narraban sólo fragmentos de su historia personal, de sus orígenes, de su identidad familiar. Seguro que habría más fotos, pero ellas no las tenían.

Sólo podían recuperar su historia desde el momento en que su cruda realidad había dado fruto: un embarazo por violación, un parto en soledad y la aparición de un nuevo ser nacido desde el dolor, la incomprensión y el abandono. El bebé en muchos casos era un bebé no aceptado, no reconocido, no querido por múltiples motivos: por ser sólo unas niñas, unas niñas maltratadas, violadas, expulsadas de su hogar. Y lo único que se llevaban era el fruto de su desgracia.

Muchas niñas víctimas de abuso sexual no pueden por mucho tiempo aceptar a sus bebés; les recuerda permanentemente el hecho traumático de la violación y también por ello se sienten culpables por tener sentimientos de rechazo hacia su hijo.

Su interés por la fotografía era tremendo. Además de enseñarme sus álbumes, me pedían que les hiciera fotos con la cámara digital que yo llevaba.

 

INICIO DEL TALLER

Se organizó todas las noches después de la cena, durante 1h. y media. El hecho fotográfico fue el hilo conductor del taller.

Se contaba con una cámara digital, un ordenador muy básico que había en el hogar y las ganas de todas de vivir la experiencia.

Se planteó el taller desde tres áreas diferentes:

1. A partir del álbum personal. La fotografía como testimonio de una realidad vivida.

2. A partir de las fotos que hacían durante la realización del taller.

3. Realización de dibujos que acompañaban y complementaban el trabajo fotográfico.

Podían hablar y compartir lo que ellas quisieran a partir de los álbumes fotográficos. También las invitaba a dibujar si no  querían hablar y les ofrecía papel, rotuladores, lapiceros de colores, témpera y plastilina.

Al principio se respiraba una gran inseguridad y miedo ante lo nuevo. Se sentían inhibidas. Poner palabras les costaba. Viven bastante aisladas de la comunidad a la que pertenecen, además hablan en guaraní y tienen bajo nivel de español. Necesitaban un tiempo para conocerme y confiar en mí. La comunicación verbal requería de paciencia y mucha predisposición por parte de todas.

Podían fotografiar lo que quisieran a lo largo del día, y la noche, en las sesiones mostraban el material que habían elegido. Fueron poco a poco teniendo más decisión y  confianza. Iban descubriendo su capacidad para hacer propuestas, utilizaban los materiales con libertad, podían construir historias, hablar de sus vivencias y emociones. Eran escuchadas y contenidas por el grupo y podían vivir el grupo, su actual familia, desde otro lugar.

Las imágenes que iban realizando a lo largo del proceso se fueron convirtiendo en retratos en primeros planos, miradas seguras con expresión, dinamismo, juego, incorporación de elementos, imágenes grupales, actitudes más desenfadadas y divertidas. Iba en aumento la complicidad entre la que realizaba la foto y las chicas que eran fotografiadas.

También empezaron a incorporar más la palabra. Hablaban sobre cómo se habían sentido al retratar o ser retratadas. Podían seleccionar las que les habían gustado, las que querían imprimir y por qué las seleccionaban. Serían incorporadas a su álbum personal, a su diario de vida.

La apropiación de una imagen, el adueñarse de algo conlleva conectar con contenidos inconscientes que se vuelven visibles.

Mi mirada era de profundo respeto. Me encontraba con personas que habían sido objetos de otros, objetos usados por otros. El taller como espacio de juego, de creatividad y de reflexión les podía permitir disminuir su sufrimiento.

Sólo a través del juego es posible crear espacios donde primen igualdades y afinidades, donde fronteras, jerarquías y biografías queden de lado, y sea posible compartir de modo creativo algo de arte, algo de vida y por supuesto algo tremendamente terapéutico (Maestre, Pablo J. Juan, 2006)[4].

Eran niñas que habían carecido desde muy pequeñas del cuidado materno. El abordaje debía ser desde la comprensión e inevitablemente desde la ternura. Algo que para ellas era motivo de sorpresa. Habían sufrido mucho, tenían muchos traumas, algunas pánico al acercamiento, al contacto. Recuperar de alguna manera un espacio “materno”, de cuidado y de contención puede resultar muy beneficioso. Cuidado y ternura no invasiva a la espera de su confianza y su demanda.

A través del juego y de sus obras fueron aportando palabras y silencios, miradas y risas que hacían que se recuperara de alguna manera su niñez y su capacidad de “jugar por jugar” sin pensar en nada más (“playing- jugar jugando- según Winnicott)[5].

Describían su historia, hablaban de las personas que aparecían en las fotos, de por qué estaban allí, de su familia… Se les proponía que seleccionaran algunas fotos y formaran historias, que jugaran a construir e imaginar otras historias. Era un trabajo de proyección tanto al comentar la foto como al realizarla, que entre otras cosas, podría tener una finalidad comunicativa al hacer participe a los otros de sus sentimientos, deseos, estados de ánimo…

Cada una adquiría protagonismo construyéndolas.  Era un recorrido ligado a su pasado pero dándole una esperanza a su presente, generando posibilidades de cambio y de otro futuro. En sus historias aparecían sus hijos junto a ellas y siempre recuperaban a la familia y especialmente a su madre. Posiblemente algunas de ellas puedan en un futuro cercano conseguir que esa historia se haga realidad, o no; pero en cualquier caso, a nivel simbólico ellas podían recuperar y reconstruir su historia y ser conscientes de ser las protagonistas.

La foto nos devuelve la realidad tal y como es, y eso es duro. La ausencia de la madre con todo lo que simbólicamente significa. Saber que no se pueden recuperar los deseos, sueños y fantasías infantiles muchas veces genera reacciones emocionales duras, genera un dialogo con la memoria y es un arma de doble filo; por una parte, es sufrimiento por la pérdida, y por la otra,  puede organizar las emociones, hacerlas más llevaderas y reducir la angustia prolongada en la que viven. Facilita el contacto con la realidad.

Cuando ellas realizaban las fotos tenían que tener presente preguntas como: quién realiza la foto, a quién, interior o exterior,  solo o con otro, autorretrato o se la encargo a otro, qué parte de mi cuerpo quiero que me fotografíen y por qué, el hacer participe al grupo o no, qué escenas proponer…

Desde ahí se puede trabajar con los sentimientos que se han generado, con la necesidad de ser invisible o no, con la dificultad de mirar o ser mirado, con el bloqueo… El juego y la dinámica creada facilita el despliegue de emociones, de sensaciones, el vínculo con el grupo, la desinhibición y la reflexión de cada participante sobre sí misma y sobre la interacción con el grupo.

Fueron aportando cada vez más propuestas, más respeto a lo que se estaba creando entre todas y también más caminos para entender y conocer más sobre sí mismas.

En los últimos días del taller debían realizar una imagen plástica en la que quisieran contar algo de su historia que no tenían recogida en ninguna foto. Muchas dibujaron la casa soñada, su hogar de origen y en algún caso dibujaron el hogar donde estábamos ahora. Estas últimas podían haber hecho una foto pero no lo hicieron. Podían proyectar ese deseo de  vuelta a su hogar pero lo volvieron a reprimir, quizás era, en ese momento, un sueño imposible.

El silencio y la mirada hacia dentro del principio se transformó en acción, complicidad y risas. El liberar los silencios impuestos ayuda a la cura.

 

FRAGMENTOS DEL PROCESO TERAPEUTICO

Las imágenes, por confidencialidad, no las puedo presentar en este trabajo; pero sí lo voy a hacer con algunos dibujos representativos de la experiencia.

María (16 anos) lleva más de 3 años en el hogar, los mismos que tiene su hijo fruto del abuso de su padrastro. Enseña el dibujo  que ha hecho: es una casa. Explica que le gustaría tener una foto de su hogar, del hogar donde vivía con su madre y sus hermanos y  lo va describiendo. Mientras le pone palabras, aparecen sentimientos de rabia y dolor. “¿¡Por qué mi madre me abandonó y prefirió quedarse con mi padrastro!?”. Esos sentimientos transitan en la sesión y transitan entre ella y el grupo. La labor del arteterapeuta es la de contener con la suficiente distancia para que se puedan tolerar, elaborar e integrar las emociones.

L. Eidelberg (1973) habla de “abreacción” y la define como el proceso de descarga de emociones bloqueadas mediante la evocación y verbalización de recuerdos reprimidos.[6]

La realización del dibujo, el esfuerzo para explicarlo, hacer visible ese afecto, poderlo compartir y sentirse escuchado y comprendido supone un alivio, una mayor tolerancia a esa emoción así como una mayor elaboración e integración por parte del yo.

Ana (16 años) tiene muchos altibajos emocionales. Padece depresión, ha tenido varios intentos de suicidio y la medican con regularidad. Hace muchas fotografías al grupo y siempre repite que para ella es muy importante la amistad y el compañerismo. Necesita expresarse a través de la poesía. Me pidió llevarse hojas y rotuladores para trabajar a lo largo del día y me presentaba cada noche trabajos similares al que presento aquí. Cuenta que necesita escribir siempre, que se desahoga y tranquiliza. Es la que mejor escribe y se expresa del grupo. En su poesía habla de “un mundo feliz”: sonrisas, risas, amor, alegría, amistad… hasta que un día empieza a contar su historia personal; verdaderamente dramática. Su madre había muerto de cáncer, ella se había quedado embarazada del jefe de su madre que le pagaba los medicamentos a cambio de sexo. Cuando cuenta todo esto tiene un gran sentimiento de culpa por haberlo hecho. Hablando de sus producciones dice: “Saco todo lo bueno que tengo, soy alegre, me gusta bailar, quiero reír y muchas veces me cuesta mucho, a veces no tengo ganas de luchar, cuando murió mi mamá ya estaba embarazada y me trajeron aquí, no quiero saber nada de los hombre, los odio, sólo quiero a mi hijo, no quiero que me quiten la alegría de vivir que siempre he tenido…” La poesía, la creatividad le ayudaban a elaborar, a sacar emociones, a reconocerse en ellas. Se agarra a ello para no sucumbir.

El acto creativo permite, al igual que el sueño, la realización de deseos y el análisis de los mismos. Permite la  creación y recreación de un objeto dañado. En este sentido se considera a la creatividad como un principio reparador.

Rebeca (17 años) lleva en el hogar desde que se creó y tiene una niña de 5 años. Cuando describe el dibujo que ha realizado habla de una casa imaginaria: la de su mamá. “Es una casa con terreno, piscina grande y bonita donde viviré con mi hija, mis hermanos y mi madre”. Habla de lo que le gustaría en el futuro, de que sería una casa feliz y ella la persona más feliz del mundo; sabe que eso es un sueño pero nos lo quiere contar así. Juega al “como si” fuera posible, juega a imaginar (pensamiento mágico). Ese jugar a imaginar le puede ayudar a alimentar una ilusión (ideal del yo), un deseo de ilusionar para soportar la falta y disminuir el malestar que produce la toma de conciencia de la realidad.

Carmen (13 años), fue abusada con 11 años por su hermano de 17 durante bastante tiempo hasta que se quedó embarazada.  Siempre habla de quitarse la vida, actualmente está medicándose y con una profunda depresión. Vive muy angustiada porque tiene dos hermanas más pequeñas que siguen en la misma casa que el hermano. Es una familia extremadamente pobre y con muy bajo nivel de inteligencia. Además sus padres no han creído nunca lo de su hermano.

En la propuesta ella realiza una casa que casi ocupa toda la hoja y escribe el nombre del hogar donde actualmente vive. Sorprende el tamaño de la casa y de los árboles que la rodean, la fragilidad del trazo y sobretodo el tamaño tan pequeño de la figura representada. No aparece la figura del hijo. Dice que es ella en el hogar, que es el único sitio donde está segura y que tiene miedo de que su hermano la vuelva a hacer daño. Quiere que le hagan pruebas para que se demuestre que él la violó y así sus padres la crean y sus hermanas puedan ser protegidas. Su manera de contarlo es entrecortada, dice frases sueltas e inconexas y sobretodo, en lo que insiste mucho, es en que no quiere que a sus hermanas les pase lo que le ha ocurrido a ella. Este es el pensamiento que repite una y otra vez. La obsesión de que su vivencia sea repetida en sus hermanas no la deja vivir.

Crear y representar facilita la comunicación de sentimientos. Poner palabras a las imágenes que salen a nuestro encuentro permite la mejor comprensión del dolor. El tratamiento terapéutico es fundamental en el caso de abuso sexual infantil, pero no es suficiente. También juega un papel muy importante el apoyo de los adultos y de la justicia. El nivel de malestar y de angustia se reduce cuando las niñas se sienten protegidas y defendidas y se toman medidas judiciales con respecto al culpable de su situación.

 

FOTOGRAFIA. ESPEJO. ARTETERAPIA.

El niño aproximadamente hacia los dos años, como nos explicó Lacan, descubre su imagen en el espejo. En ese momento el sujeto empieza a tomar conciencia de su propia existencia. Ya es uno entre otros. Aparece el narcisismo en este instante en el que se toma conciencia de uno mismo como alguien distinto y diferente a los demás interna y externamente.

Hay cosas que nos llevan más allá del mundo de las palabras; es como el espejito (diría también Alicia mirándose en el espejo inventado por Lewis Carrol) de los cuentos de hadas: se mira uno en él y lo que ve no es uno mismo. Por un instante vislumbramos lo inaccesible…( Solzhenitsin, Alexander, 1970)[7].

Construimos la realidad exterior e interior a través de la mirada reciproca. Nos vemos a través de cómo nos mira el otro. La fotografía podría ser un espejo para mirarse y reconocerse. La mirada sería pura e ingenua, como la del bebé cuando mira afuera a través de su madre y aprende y aprehende el exterior para reconocerse y para separarse, para sentirse dentro y fuera, para ir construyéndose. Así la imagen positiva del sujeto, tan necesaria para la vida (narcisismo primario), nace de la imagen amable que le devuelven al bebé desde fuera.

Trasladándolo a un taller de Arteterapia, la imagen fotográfica o la de cualquier producción plástica, la experiencia vivida, puede aportar a la persona otro sentimiento de sí misma. Desde la comunicación con el arteterapeuta y con el grupo, y a través de una valoración positiva, se incorporan más recursos a la experiencia anterior.

El espacio del Arteterapia es “un espacio triangular” en el que interviene el paciente, el arteterapeuta y el objeto artístico como objeto transicional. Siguiendo el pensamiento de Winnicott es un espacio de juego, de creación, de transito, intermedio entre el mundo interno y la realidad exterior. Un espacio que bien puede ser ocupado por el hecho fotográfico. Dicha experiencia se produce dentro del ámbito de la relación transferencial en la que la obra realizada puede ser objeto de elaboración y de simbolización.

El paciente comienza a proyectar en imágenes lo que no podía expresar con palabras. Tales imágenes pictóricas pueden escapar a la prohibición de la censura de un modo como las palabras no pueden hacerlo. Esto ocurre. El paciente es confrontado con la evidencia de  una imagen de su conflicto en forma de pintura o escultura. Cuando un impulso (fantasma, etc.) prohibido ha alcanzado tal forma fuera de la psiquis del paciente, éste logra un distanciamiento de su conflicto, que a menudo lo capacita para examinar sus problemas con creciente objetividad. El paciente así, es ayudado gradualmente a reconocer que sus producciones artísticas pueden ser consideradas como un espejo en el que comienza a develar sus propias motivaciones (Naumburg, Margaret, 1966)[8].

 

POTENCIALIDAD DE LA FOTOGRAFIA

La fotografía como objeto transicional en el taller de Arteterapia plantea diferentes aspectos para reflexionar:

1. La fotografía facilitadora de vínculo terapéutico.

Es una manera de acercarse, de contarme su historia. Cada instantánea fotográfica les da pie para contar sobre su familia, sus hermanos, su lugar de origen, cómo han sido abusadas, por quién, si toman medicación… En muchos casos, la única manera en la que han sido atendidas médicamente es desde la medicación psiquiátrica en los momentos en los que tienen “crisis”. Medicación ante graves casos de depresión, angustia e intento de suicidio que les hace estar en un estado de permanente somnolencia, pasividad y sedación.

2. La fotografía como vehículo que transita entre pasado, presente y con proyección de futuro.

Enseñar las fotos, volver a mirarlas en la sesión, revivir esos momentos de su historia es reparador; es intentar reconstruir la historia fragmentada, es volver a narrar su vida reconociendo un lugar de origen, una identidad, unas raíces.

Las imágenes recogen también su “historia secreta”, su historia implícita, latente, invisible; la que no aparece pero se siente presente.

Es la memoria fragmentada, evocadora de lo que falta, de quien falta. Es un encuentro y a la vez un desencuentro. Es un lugar para mirar al pasado disociado, una perdida. Genera silencios de pensamientos que no quieren o no pueden ser mostrados. Es un encuentro con lo olvidado y un reencuentro con lo que se recuerda. Un reconocimiento, un retorno a un lugar que ya no está, una reflexión sobre la identidad familiar.

El paso del tiempo no corre en la memoria inconsciente. El trauma y el dolor del pasado permanecen siempre; pero desde el presente y con otra mirada, la lectura puede ser diferente.

3. La foto ayuda al despliegue creativo de cuestionamiento.

En recuerdos Infantiles y Encubridores dice Freud “Mis más tempranos recuerdos infantiles son en mí los únicos de carácter visual y se me presentan además como escenas de una gran plasticidad”.

Nuestros recuerdos son  imágenes y sensaciones corporales. Los recuerdos más significativos son preverbales; se pueden ver, sentir, pero son difíciles  de explicar y trasladar al proceso secundario: a la palabra, al lenguaje.

En Arteterapia se trabaja sobre la producción de imágenes inconscientes. Es  una tarea de asociación en imágenes, tarea que tiene prioridad sobre la asociación  mediante palabras ya que las imágenes – como lo destacaba Freud-  están más cerca del inconsciente. La imagen puede expresar y representar  aquello que no es posible pensar.

En el acto creativo las imágenes salen al encuentro en parte por azar y en parte por deseo de cambio y de transformación. El encuentro es algo que resuena de fuera y resuena dentro. El encuentro con una imagen, una palabra que te ayuda, un encuentro con el otro, genera una multiplicación de significados. Encuentro como encontrar algo desconocido mío en el encuentro con lo desconocido del otro, de una imagen, de una producción.

Las imágenes expresan un saber condensado. Las obras son un espacio con múltiples entradas y múltiples salidas. Son representaciones y presentaciones a un mismo  tiempo. Hablan a la vez de distintas expresiones, afectos, emociones, símbolos, escenarios, colores, huellas, marcas, ritmos, etc. Pertenecen a un espacio simbólico, un espacio emocional.

La experiencia, según explica Joan Coderch, para que sea terapéutica ha de ser emocional; la comprensión intelectual por sí misma no produce una modificación del estado psíquico, aun cuando debe quedar incluida en tal experiencia emocional (Coderch, J., 2002).

4. Es la huella y testimonio del pasado, de lo que todavía está presente, de lo que existe, lo real y también de lo que está ausente.

Cómo se describe cada foto, lo que se quiere resaltar, las personas que aparecen, el lugar, el vestido…Es una descripción física y emocional de un tiempo pasado que, de alguna manera, se quiere recuperar y renombrar. La foto habla de la identidad, de la necesitad de pertenencia, de tener un lugar, un origen. Un pasado sesgado, distorsionado, en muchos casos terrorífico; pero es el pasado.

Un pasado, quizás para muchas de estas niñas inexplicable, que se muestra en la necesidad de entender algo de sí mismas, de conocerse y reconocerse.

5. Permite transmitir singularidad y autonomía.

En el hogar había una cámara de fotos de las de antes que utilizaban para ocasiones especiales como fiestas de la escuela, cumpleaños, etc.

Era una cámara que sólo utilizaba María (la niña de confianza de la directora del hogar) y las demás miraban…hasta que empezó el taller y todas adquirieron protagonismo. Podían utilizar la cámara digital siempre que quisieran, la tenían a su disposición y por la noche, en el taller, trabajábamos sobre lo que habían hecho. En el proceso podían cambiar las cosas, podían decidir a quién hacían fotos, podían ser miradas y fotografiadas. Reír, seducir, gesticular, expresar emociones, poner el cuerpo en movimiento, crear, hablar… transitar desde ser mirada y ser voluntariamente mirada a mirar y decidir cómo mirar. Transitar de ser objeto pasivo a ser sujeto de sus acciones.

En palabras de Winnicott en 1971 “Jugar es hacer, el juego compromete al cuerpo, el jugar tiene siempre una implicancia corporal, implica una acción sobre el mundo y modifica a su vez el mundo interno”[9]. El juego simbólico, el de la imaginación, jugar al » como si fueras» o «jugar a que yo era» les podía facilitar reconocerse como protagonistas de su propia historia. Podían empezar a vislumbrar su capacidad para decidir sobre sí mismas. En su historia habían sido objeto de deseo del otro y no sujetos de sí mismas.

6. La foto como acto repetitivo.

Podría tener dos  lecturas diferentes:

La repetición compulsiva, neurótica, que se caracteriza por una negación  o ausencia de lo nuevo; la repetición como ausencia de creatividad, como necesidad obsesiva, como instinto de muerte, como vacío interior; sin  salida.

Y también como instinto de vida. Ante la repetición obsesiva, está el deseo de salir de ahí, de encontrar otro camino: el de la creatividad, el de la transformación. El sentido de recuperar algo, de encontrar algo, de encontrarse, de reconocerse y de ser aceptado. Repetir como parte de la construcción, producción y creación de una obra cualquiera que esta sea. Repetir en cualquier acto creativo es una vuelta a puntos de anclaje y fijación del pasado. La repetición te ancla al pasado. La creación es una transformación que te proyecta hacia el futuro y te orienta hacia la cura.

Las niñas se fotografiaban una y otra vez. Al verse repetidas varias veces en el ordenador debían elegir una imagen, pensar el porqué, reconocerse en ella, apropiarse de esa imagen como suya. Es un proceso de simbolización, una toma de decisión que lleva implícito un proceso de cambio y transformación.

7. La foto como lenguaje polisémico con múltiples significados y asociaciones: que esclarece, que permite ver algo nuevo, poner palabras a lo que se ve y a lo que se siente y que, al igual que otras herramientas plásticas dentro del taller de Arteterapia, permite avanzar en los espacios mentales de acceso no consciente. Permite además recuperar momentos y personas no recordadas, conformar y restaurar emociones, crear lazos con el pasado, vivenciar el paso del tiempo,  reconstruir la identidad y volver a narrarse de otra manera, desde otro lugar y desde la realidad del momento actual.

Las imágenes fotográficas facilitan la técnica de la asociación libre que consiste en que el paciente debe expresar todos sus pensamientos, sentimientos, fantasías y producciones mentales según le vayan surgiendo en su cabeza sin restricción alguna.

El trabajo en el taller es una experiencia muy rica donde entran en juego muchos elementos: la condensación en la imagen, el desplazamiento, la simbolización, la integración… En el acto de hacer, pensar, repensar y repetir se pasa de la emoción al pensamiento. Se trabaja con lo simbólico, con lo que hay detrás del acto y de la emoción. Y queda algo que está afuera pero también está adentro. Con la secuencia de las fotos y con la palabra puede generarse una narrativa de recuperación de la identidad fragmentada. Se puede volver a narrar una historia personal que disminuya la escisión y facilite la continuidad existencial  y reduzca el sufrimiento.

 

CONCLUSIONES

Explorar, experimentar y asumir riesgos es una dimensión del Arteterapia que relaciona creatividad y juego. Jugar y representar tiene importantes beneficios terapéuticos y son actos universales en el hombre. Además ni el deseo ni la creatividad están sujetos al paso del tiempo, no tienen edad. Siempre, bajo cualquier circunstancia,  albergamos la capacidad de desplegar la creatividad.

El álbum de fotos es una historia de vida en imágenes. Es una muestra del paso del tiempo que se evidencia en la fragilidad de los materiales. El álbum acumula, almacena, protege y conserva la propia historia. En el hogar, ahora, cada álbum posee más imágenes, experiencia y emoción; más creatividad y vida. La vivencia ha significado un crecimiento individual y también del grupo. Ha sido un tránsito del MALTRATO al BUEN TRATO.

 

” …Por nuestro encuentro y el recuerdo inolvidable de sus abrazos

y sus sonrisas en el “hasta pronto”.

 

BIBLIOGRAFIA

BARTHES, R. (1989) La cámara lúcida. Barcelona, Paidós.

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CODERCH, J. (2002) Teoría y técnica de la psicoterapia psicoanalítica. Barcelona, Herder.

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[1] Arteterapeuta

[2] FREYD, J.J. (1996) Betrayal trauma: The logia of forgetting childhood abuse. Cambridge, Cambridge University Press.

[3] http://www.unicef.org/spanish/media/media_27225.html

[4] COLL, F., (coord.) (2006) Arteterapia. Dinámicas entre creación y procesos terapéuticos. Murcia, Servicio de Publicaciones Universidad de Murcia.

[5] WINNICOTT, D.W. (1972) Realidad y Juego. Barcelona, Gedisa.

[6] CODERCH, J. (2002) Teoría y técnica de la psicoterapia psicoanalítica. Barcelona, Herder.

[7] Palabras de Alexander Solzhenitsin en su discurso de agradecimiento por el Premio Nobel de Literatura que se le concedió en 1970.

[8] NAUMBURG, M. (1966) Dynamically Oriented Art Therapy. Its Principles and Practices. New York, Grune & Stratton.

[9] WINNICOTT, D.W. (1972) Realidad y Juego. Barcelona, Gedisa.

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