Artículo de Ibone Olza Fernández: «A propósito de la participación de Sami Timimi en el IX congreso de la AMSM»

Leer artículo completo en : Asociación Madrileña de Salud Mental

«El primer artículo que leí del psiquiatra infantil Sami Timimi se publicó en el 2004. El título traducido libremente venía a ser “Desarrollando abordajes no tóxicos para ayudar a los niños que podrían ser diagnosticados de TDAH y a sus familias: reflexiones de un clínico británico”(1). En él explicaba cómo había tratado en los tres años anteriores a los niños que heredó con diagnóstico de TDAH y que estaban tomando metilfenidato. Contaba Timimi: “me encontré con niños que echaban de menos a su padre ausente, con niños cuyos padres discutían, niños de escuelas sin recursos, niños de madres deprimidas que no podrían afrontar el día a día, familias sin apoyo social, niños con problemas de apego, niños adoptados, o acogidos acostumbrados a ser rechazados, niños que no podían expresar el duelo por la pérdida de un ser querido… Vi niños brillantes que utilizaban su inteligencia para evitar el sistema, padres atemorizados de hijos que sabían exactamente qué tecla pulsar, profesores asustados que dudaban sobre cómo tratar a los chicos en el aula, profesores agotados y quemados que ya estaban hartos de enseñar…etc. Y me pregunté, ¿a nosotros, los médicos, porqué nos pagan tanto?” En aquel artículo describía con detalle su trabajo en dos centros de salud mental británicos a lo largo de tres años. En uno de los centros había heredado 26 niños en tratamiento con metilfenidato. Dos años más tarde sólo 6 de esos 26 pacientes seguían tomando estas medicaciones. Es interesante también destacar que menciona que en esos dos años él puso en tratamiento con metilfenidato a cinco niños más. Según Timimi muchas de aquellas familias “tenían una comprensión bastante más elaborada de las causas psicosociales de los problemas de conducta de sus hijos que la mayoría de los psiquiatrías y pediatras que conozco”. En el otro CSM donde trabajó, heredó 28 niños tratados con estimulantes, no tuvo que iniciar ni un solo tratamiento, y tras dos años sólo 4 seguían en tratamiento. En ambos centros se había encontrado con que otros profesionales de su equipo, como enfermeros, trabajadoras sociales, terapeutas y psicoterapeutas, simpatizaban con su forma de trabajar y que eran otros psiquiatras infantiles los más críticos con su abordaje.

Partiendo de sus estadísticas particulares Timimi dedicaba el resto del artículo a describir y reflexionar sobre cómo había trabajado con estos niños y sus familias. Para empezar recomendaba ralentizar el proceso de valoración de cualquier niño con presunto TDAH mediante la realización de al menos tres pasos: una extensa entrevista familiar, una visita al colegio y una tercera visita al domicilio familiar. Insistía en la importancia de esforzarse mucho en establecer un vínculo con los niños y sus familias. “Con paciencia, simpatía, sin prisa, con vistas al largo plazo”. Animaba a evitar explicaciones simplistas o reduccionistas al hablar con los padres y madres, ayudar a deconstruir el diagnóstico de TDAH y poder pensar juntos más allá de las etiquetas.

Terminaba su artículo insistiendo en la importancia de estar disponible a largo plazo, abierto a opciones alternativas, manteniendo una relación de igualdad con las familias, escuchando desde el respeto, deconstruyendo las jerarquías y expresando como psiquiatra también sus opiniones, dudas, o desconocimientos. Finalizaba recomendando: “Transparencia: intento no mantener mis ideas en secreto. Comparto mis pensamientos y sentimientos incluso cuando la situación es muy difícil. A veces siento que no sé cómo ayudar a alguien y se lo digo. La transparencia es también una parte de la deconstrucción de la jerarquía. Cuanto más ocultamos nuestro conocimiento profesional de nuestros clientes, más poder tenemos sobre ellos, y creo que más vulnerables se sienten los clientes en nuestra compañía”.

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